En un huerto nuevo, lo primero que llama la atención son los bancales, las parcelas y los cultivos. Sin embargo, el espacio entre ellos determina lo cómodas que serán casi todas las tareas posteriores.
Recorre el huerto como si la temporada ya estuviera en pleno apogeo. Entras con herramientas, vas a por agua, dejas una cesta y quieres poder trabajar a ambos lados de un bancal. Estos movimientos muestran dónde necesitas un camino o una zona de trabajo despejada.
Distribuye los bancales de modo que puedas llegar a las plantas sin pisar constantemente la tierra de cultivo. Un diseño ordenado sirve de poco si para regar, quitar malas hierbas o cosechar tienes que estirarte con dificultad cada vez.
Ten en cuenta también la altura. Los soportes, los cultivos altos y un invernadero influyen en la distribución de la luz y el viento más adelante en la temporada. Dejar un poco de margen facilita adaptarse a esos cambios.
La distribución inicial no tiene por qué ser definitiva. Crea una base práctica y añade una mesa de trabajo, otro bancal o una zona de almacenamiento solo cuando veas dónde te resultan realmente útiles en tu rutina.